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La cuantificación del efecto anti-bacteriano se hace por
métodos indirectos como la reducción de la ubicación
de P. acnes. Esto obedece a la falta de métodos para medir
las concentra-ciones intrafoliculares de los agentes anti-microbianos.
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Las
pruebas con un microambiente lipídico más similar
al microambiente cutáneo no están aún disponibles.
La conclusión en la realidad es que P.
acnes es una bacteria altamente sensible a un amplio espectro de
antimicrobianos.
En los estudios sobre el poder bactericida de
diferentes antibióticos in vivo se ha demostrado que la combinación
de peróxido de benzoilo y eritromicina tiene el mayor poder
bactericida en la terapia del acné. Lo anterior puede estar
fuertemente influenciado por la soluibilidad lipídica del
peróxido de benzoilo. Desgraciadamente, la tecnología
para cuantificación de las concentraciones intrafoliculares
de agentes antimicrobianos no existe, por lo que las mediciones
sobre efectividad antibacteriana deben llevarse a cabo por métodos
indirectos como la reducción en la población de P.
acnes.
Dentro de los estudios que compararon el uso de
formulaciones tópicas con antibióticos, los resultados
de Leyden demostraron una ventaja relativa para la clindamicina
en comparación con la eritromicina.
De los efectos observados in vivo; tanto la eritromicina
como la clindamicina han demostrado beneficios clínicos para
los pacientes. La cuestión de cómo evaluar la eficiacia
desde un punto de vista clínico no es sencilla ya que de
lo publicado hasta hoy no se dispone de estudios multicéntricos
en los que se integren todos los antibióticos en forma comparativa,
además de que no existe un método por el cual se pueda
medir la actividad antiinflamatoria de los agentes antibióticos
tópicos.
La situación es aún más complicada
bajo la hipótesis de que la respuesta inflamatoria de cada
paciente en contra de P. acnes puede ser diferente tanto cualitativa
como cuantitativamente. Lo anterior hace muy difícil evaluar
la eficacia de los antibióticos en el manejo del acné
basándose únicamente en la experiencia clínica.
En cuanto al concepto recientemente difundido
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de
resistencia de P. acnes a ciertos antibióticos, en realidad
sólo los aminoglucósidos y el mupirocin no han mostrado
ser muy efectivos en la terapia del acné y por otro lado
tienen también buenos efectos las penicilinas, cefalosporinas
y sulfas cuando se administran para este fin.
A pesar de que la terapia con antibióticos
ha sido ejercida por más de 40 años en el manejo del
acné y desde hace ya 30 años con eritromicina y clindamicina
tópicas, han sido detectados hasta fechas recientes cambios
en la suceptibilidad de P. acnes a estos antibióticos.192,193
Las primeras cepas de P. acnes que se informaron
susceptibles sólo a altas concentraciones inhibitorias tanto
de eritromicina como de clindamicina fueron detectadas a finales
de los años setenta y no se consideraron clínicamente
relevantes.194
En los años ochenta ciertas cepas susceptibles
sólo a altas concentraciones inhibitorias de eritromicina
y tetraciclinas fueron detectadas en Inglaterra, Alemania, Japón,
Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Un aspecto interesante es que hay evidencias de
que estas cepas pudieran condicionar cierta resistencia clínica
al tratamiento en algunos pacientes. Lo anterior ha provocado que
se lleven a cabo estudios de laboratorio con cepas recuperadas de
los pacientes las cuales son "menos sensibles" a los antibióticos
hasta en 60% de los casos en Estados Unidos.
Las concentraciones inhibitorias han sido más
altas para eritromicina, y la resistencia a tetraciclina va en incremento,
se informan casos de resistencia a minocilina y doxiciclina.
En realidad, los métodos de laboratorio
para probar la resistencia de P. acnes a los antibióticos
no están accesibles en todo el mundo y las técnicas
usadas son aún muy debatibles además de que es bien
conocido el concepto de que los antimicrobianos pueden mejorar sustancialmente
el cuadro clínico acneico sin matar a la bacteria.
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