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En este caso hay una combinación
de manchas hipercrómicas y acrómicas en una abigarrada mezcla de
colores, el mejor ejemplo de ello es el Mal del Pinto, enfermedad
causada por el Treponema herrejoni o carateum que afecta solamente
la piel y solía presentarse en ciertas regiones vecinas a ríos de
México, Cuba, Colombia, Venezuela y Brasil. En México existió a
orillas de los ríos Balsas, Grijalva y Usumacinta afectando poblaciones
de los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Tabasco, Puebla,
Chiapas.
La enfermedad afectaba tanto a mujeres como a
hombres, sobre todo a campesinos y niños y adultos. La transmisión
se hace de persona a persona a través de la linfa o probablemente
por picadura de insectos.
Tiene tres etapas: una lesión inicial llamada
chancro pintoso que es una lesión eritematoescamosa, tricofitoide,
bien limitada, que sale en cualquier parte de la piel. La segunda
etapa consiste en la aparición diseminada y asimétrica de lesiones
semejantes al chancro que se llaman pintides, las cuales poco a
poco van dejando la discromia, la leucomelanodermia, que ya toma
una disposición muy simétrica con predominio en salientes óseas:
codos, rodillas, maleolos. Se trata de manchas acrómicas de forma
y tamaño variables, bien limitadas, con hipercromia periférica y
manchas
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efelidiformes
en el centro. La piel está seca, pero no hay prurito.
Existían diferentes denominaciones que hablaban
de la diferente coloración que podría presentarse, por ejemplo,
en partes expuestas predominaban manchas muy oscuras (cara de carbonero):
el pinto negro; otras veces se veían azulosas o amarillentas (pinto
azul, pinto amarillo).
El pinto blanco, el más común, solía respetar
la cara, los genitales y en general los pliegues y era muy simétrico,
datos que servían para diferenciarlo del vitiligo (fig.
36).
El problema de esta enfermedad se presentaba cuando los habitantes
de un pueblo afectado salían de su lugar y llamaban la atención.
El diagnóstico puede confirmarse por la reacción
VDRL siempre positiva en suero y el hallazgo del treponema en las
lesiones. El tratamiento, como en la sífilis, es a base de penicilina,
eritromicina o tetraciclinas. Las lesiones tempranas y las hipercrómicas
desaparecen rápidamente, no así las leucodérmicas que pueden persistir
como secuelas.
Actualmente parece que el Mal del Pinto ha desaparecido
de nuestro país.
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