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Los
nevos conocidos como lunares producen inquietud en algunas personas
que los suponen siempre pre-cancerosos, lo cual en sentido estricto
no es verdad, ya que sólo lo son en especiales circunstancias.
El poder de malignización de un nevo de unión es aproximada-mente
de 1 X 1,000,000, pero el nevo congénito gigante debe vigilarse
pues puede originar un melanoma en 1%. Los nevos intradérmicos
nunca dan un tumor maligno.
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Los nevos conocidos como lunares producen inquietud
en algunas personas que los suponen siempre precancerosos, lo cual
en sentido estricto no es verdad, ya que sólo lo son en especiales
circunstancias. De acuerdo a la localización de las células névicas
a nivel de la piel, se clasifican en:
- Nevos de unión, cuando las células névicas están situadas
en la unión dermoepidémica.
- Nevos intradérmicos, cuando las células han caído a la dermis.
- Nevos compuestos, cuando las células están en las dos partes.
Los nevos de unión son lesiones pigmentadas, de
tamaño variado, superficie lisa, a veces con algunos pelos y en
número variable y pueden aparecer en cualquier parte de la piel
y durante toda la vida de las personas, hasta los 60 años. El color
va del café claro al negro (fig. 13).
Estas lesiones tienden con el tiempo a “madurar” y se convierten
en nevos intradérmicos, en tales casos, las lesiones van tomando
cuerpo, se hacen semiesféricas, bien limitadas, con más pelos y
así persistirán toda la vida, es cuando preocupan más. La mayor
parte de los nevos de unión se convierten en nevos intradérmicos
(fig. 14).
Los nevos congénitos aparecen al nacimiento y
son de diverso tamaño, desde unos milímetros hasta 30 o 40 centímetros,
abarcando extensas superficies de la cara o el tronco: nevos congénitos
gigantes, nevo en calcetín o en calzón de baño o camiseta. Corresponden
a nevos compuestos. El poder de malignización de un nevo de unión
es aproximadamente de 1 X 1,000,000, por tanto, no es necesario
remover esas lesiones, pero el nevo congénito gigante debe vigilarse
pues puede originar un melanoma en 1%.
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Los
nevos intradérmicos nunca dan un tumor maligno. Además de la cancerofobia
que originan estas lesiones, el aspecto antiestético de algunas
de ellas es el otro motivo de consulta y deseo de extirpación (fig.
15).
Señales
de una posible transformación maligna de un nevo de unión son: crecimiento
rápido, pigmento irregular o salido del tumor, bordes festonados.
Solamente en estos casos deben ser extirpados, también cuando están
en sitios de roce y presión como la planta de los pies o bajo las
uñas. En todos los demás casos es ocioso quitar los nevos, debe
evitarse su traumatismo o su destrucción por otros medios, o se
quitan por completo y bien, o se dejan. Los gigantes son un problema
terapéutico y a veces sólo pueden vigilarse, sobre todo después
de la pubertad.
Nevo de Ota. Melanosis dermoocular. Es una pigmentación
habitualmente unilateral de la cara que afecta el trayecto del nervio
oftálmico y maxilar del trigémino. Es congénito y predomina en la
raza oriental. Se afecta a menudo la córnea, el iris, la retina,
el velo del paladar, además de la piel. No tiene tratamiento ni
tiende a la involución espontánea (fig.
16).
Nevo
de Ito. Es semejante al de Ota pero afecta el tronco y arco supraclavicular.
Nevo de Becker. Nevo epidérmico pigmentario piloso.
Hamartoma epidérmico que aparece en personas jóvenes, sobre todo
en el hombre alrededor de la segunda década, caracterizado
por una mancha de color café claro, mal limitada, en ocasiones
cubierta de vello grueso y de localización más común
en el hombro, regiones claviculares y escapulares, unilateral y
asintomático, su superficie puede ser áspera y en
ocasiones en las mujeres se acompaña de hipoplasia de la
glándula mamaria.
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