Por datos
epidemiológicos en el hombre y experimentales en animales, las RUV, particularmente
UVB, son las causantes del fotoenvejecimiento y la fotocarcinogénesis, aunque
UVA y aun las infrarrojas pueden contribuir a este fotodaño. De hecho, UVB
y UVA pueden actuar sinérgicamente bajo ciertas circunstancias.
El fotoenvejecimiento, aunado a la xerosis que se presenta
en el cronoenvejecimiento, hace obligatorio el uso de emolientes y lubricantes.
El uso de tretinoína o alfahidroxiácidos revierten el
envejecimiento cutáneo, especialmente las arrugas y los léntigos seniles,
al promover el depósito de colágena nueva en la zona subepidérmica.
El daño solar se reduce con el empleo de ropas adecuadas
y de bloqueadores UVB y UVA (óxido de zinc o de titanio).
LESIONES PRECANCEROSAS
La exposición crónica a UVB y en menor grado a UVA, es responsable de las
lesiones consideradas premalignas. El desarreglo histológico que ocurre
en el fotoenvejecimiento produce queratosis actínicas, léntigos solares
y la llamada peca melanótica. Esta última, considerada por algunos investigadores
como displasia melanocítica, lesión premaligna muy importante.
Queratosis actínica
Es la lesión premaligna más común, consiste en una tumoración o placa aplanada,
superficial, queratósica, pigmentada en café o eritematosa, mal limitada
de unos cuantos milímetros hasta 1 a 2 cm, en personas de edad avanzada
por lo que se le denomina también queratosis senil; puede presentarse en
personas de piel muy blanca en la segunda o tercera década de la vida, que
no se protegen adecuadamente. Es más frecuente en el hombre que en la mujer.
Generalmente, son lesiones múltiples, otras veces pueden ser la base de
un cuerno cutáneo.
La radiación UVA y UVB crónica causa daño a todos los
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componentes
de la piel expuesta; además de las queratosis actínicas
hay signos clínicos de fotodaño: lentigines, telangiectasias,
atrofia y elastosis solar (fig.
2).
Histológicamente los cambios epidérmicos son característicos: acantosis
y disqueratosis con atipia celular, los queratinocitos son diferentes en
tamaño y forma y se tiñen irregularmente con los colorantes habituales,
las mitosis son comunes; puede haber hiperqueratosis, paraqueratosis con
pérdida de la capa granulosa; el infiltrado inflamatorio es denso.
Se conoce bien que el carcinoma espinocelular puede iniciarse
a partir de una queratosis actínica; en este caso, es menos agresivo y tiene
un mejor pronóstico.
El tratamiento de estas lesiones es variado, desde la
aplicación de ácido tricloroacético, el curetaje y electrodesecación, crioterapia
con nitrógeno líquido; aunque cuando son lesiones múltiples que es la regla,
la aplicación tópica de 5-fluoruracilo da resultados excelentes. Si existe
la duda diagnóstica, está indicada la biopsia o extirpación quirúrgica completa
para estudio histopatológico.
Un método efectivo para la prevención de las queratosis
actínicas es el empleo de filtros solares y el uso de ropa adecuada.
TUMORES MALIGNOS
El carcinoma basocelular y el carcinoma espinocelular son los tumores malignos
más frecuentes. Aparecen casi exclusivamente en la cara, aunque pueden presentarse
en otras áreas como las manos, antebrazos y tronco. Esto ocurre especialmente
en la piel, fototipo I y II. La piel pigmentada es más resistente. En México
ocupan un lugar importante en cuanto a frecuencia, entre los diversos carcinomas
del organismo. |
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El
carcinoma basocelular y el carcinoma espinocelular son
los tumores malignos más frecuentes. Aparecen casi exclusivamente
en la cara, aunque pueden presentarse en otras áreas como
las manos, antebrazos y tronco. Esto ocurre especialmente
en la piel, fototipo I y II. La piel pigmentada es más
resistente. |