Sería
imposible imaginar la vida sobre nuestro planeta sin la irradiación
solar. Sin embargo, son de sobra conocidos los graves problemas cutáneos
por la sobreexposición al sol y peor aún, los riesgos que la disminución
en el grosor de la capa de ozono implicarían sobre la salud de la
piel y la vida misma.
El sol emite una amplia gama de radiación que va,
desde aquellos con longitudes de onda pequeñísimas como los rayos
cósmicos, gamma y X (radiaciones ionizantes), continúa por el espectro
de radiación ultravioleta (C,B, y A), la luz visible, los rayos infrarrojos,
hasta microondas y ondas de radio.
Hasta 40% de la radiación solar total, es decir,
aquella con longitudes de onda menores a los 290 nm se absorben en
la estratósfera por la capa de ozono. Del total de radiación solar
que llega a la superficie de la tierra, aproximadamente 40% son rayos
infrarrojos (que percibimos como calor), 50% es luz visible y 10%
son rayos ultravioleta; de estos últimos, 10% corresponde a radiación
ultravioleta B (UVB) y 90% a ultravioleta A (UVA).
La estratósfera es una capa atmosférica de aproximadamente
20 km de espesor que se localiza entre los 15 y los 35 km sobre el
nivel del mar (s.n.m.). Se encuentra ubicada entre la tropósfera (que
es con la que la superficie de la tierra tiene contacto directo y
va de los 0 – los 15 km s.n.m.) y la mesósfera (30 – 80 km s.n.m.).
La capa de ozono se encuentra presente en la estratósfera distribuida
a lo ancho de sus 20 km y alrededor del globo terráqueo; sin embargo,
si fuera posible traer a la superficie de la tierra esta capa de ozono,
mediría tan sólo 3 mm de espesor. Siempre es más delgada en los polos
y durante el invierno. En algunos años su disminución ha sido alarmante
como en el año de 1983 en que se redujo hasta 50% en el territorio
de la Antártica, recuperándose sólo parcialmente después. Se conoce
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que
cada 1% de reducción en la capa de ozono aumenta en 1.5% la radiación UVB
que llega a la superficie de la tierra, lo cual conllevaría a un aumento
de 4%-6% en el cáncer de piel. Los principales responsables de su disminución
son los clorofluorocarbonos (CFC) como el freón, utilizados en aerosoles
enlatados y extinguidores. Aunque la tendencia mundial es hacia la disminución
en su utilización, si hoy, al utilizar un aerosol que los contenga, los
liberamos a la atmósfera, tardarán en llegar a la estratósfera entre siete
y 15 años y permanecerán ahí, destruyendo ozono, una media de 75 a 120 años.
El espectro de radiación solar de mayor interés en cuanto
a la salud humana es el de la radiación ultravioleta, tanto UVB cuyas ondas
tienen una longitud de 290 a 320 nm como UVA con longitudes de onda de 320
a 400 nm (en ocasiones subdividida en UVA1, entre los 340 y 400 nm, y UVA2,
entre los 320 y 340 nm). La radiación UVC (200-290 nm), produciría gran
daño sobre la piel (desde quemaduras hasta cáncer) pues es la más energética;
afortunadamente es bloqueada en su totalidad por la capa de ozono y sólo
se le utiliza en lámparas germicidas en algunos quirófanos. El espectro
de luz visible tiene importancia en algunas porfirias y melanosis y los
rayos infrarrojos en el eritema ab igney algunas melanosis también.
La radiación ultravioleta puede ejercer daño sobre la
piel de diversas formas: en forma aguda produciendo quemaduras, en forma
crónica siendo la causa de la dermatoheliosis (fotoenvejecimiento)y de las
queratosis actínicas y el factor ambiental más importante en la génesis
de los carcinomas basocelular y espinocelular (melanoma maligno en menor
grado) en la piel expuesta al sol. |
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El
sol emite una amplia gama de radiación que va, desde aquellos con longitudes
de onda pequeñísimas como los rayos cósmicos, gamma y X (radiaciones ionizantes),
continúa por el espectro de radiación ultravioleta (C,B, y A), la luz visible,
los rayos infrarrojos, hasta microondas y ondas de radio.
El espectro de radiación solar de mayor interés en cuanto a la salud humana
es el de la radiación ultravioleta, la cual puede ejercer daño sobre la
piel de diversas formas. |