Las
principales porfirias que interesan al dermatólogo son las que presentan
fotosensibilidad cutánea y la que puede ser aguda y crónica. La fotosensibilidad
aguda se caracteriza por ardor doloroso, edema y prurito y se observa principalmente
en las porfirias de origen eritropoiético. Los episodios repetidos de este
tipo de fotosensibilidad aguda producen cicatrices con apariencia de bandas
prominentes en zonas acrales como nariz, orejas y dorso de las manos.
La fotosensibilidad crónica se caracteriza por aumento
gradual de la fragilidad de las áreas expuestas al sol y que se manifiestan
con vesículas y ampollas, que a menudo son hemorrágicas y se convierten
en costras, dejando lesiones de milia y cicatrices varioliformes.
Las porfirinas son fotosensibilizantes potentes y se
piensa que producen fotosensibilidad cutánea por peroxidación de lípidos
y activación del complemento.
El espectro de absorción de las porfirinas se encuentra
entre 400 a 410 nm (radiaciones visibles), que penetran la epidermis, iniciando
reacciones fotoquímicas en la dermis superior que culminan en muchas de
las alteraciones cutáneas en los diferentes tipos de porfirias.
Porfiria cutánea tarda
La porfiria cutánea tarda es una de las formas más comunes de porfirias
y esta fotodermatosis resulta de la deficiencia de la enzima hepática decarboxilasa
uroporfirinógeno, el gene que codifica esta enzima se localiza en el cromosoma
1.
Ambas formas, familiar y adquirida (85% de los casos),
se asocian comúnmente en adultos con enfermedad hepática y sobrecarga (también
hepática) de hierro.
La enfermedad está relacionada a sustancias hepatotóxicas
como el alcohol, estrógenos, hierro, hidrocarbonos clorinados, metotrexato
y, recientemente, el virus de la hepatitis C (65% de los casos), parece
ser un factor desencadenante; asimismo, infección por VIH. También ha sido
informada en pacientes |
nefrópatas
bajo tratamiento con hemodiálisis.
Hay fragilidad cutánea y ampollas en áreas expuestas,
las cuales pueden aparecer espontáneamente o bien resultar de fotoexposición
o trauma mínimo. Otras manifestaciones incluyen: hiperpigmentación, hipertricosis
facial, fotodaño y lesiones esclerodermiformes (fig.
12).
Histológicamente se observa vesícula subepidérmica con
infiltrado dérmico, a la inmunoflluorescencia directa hay inmunoglobulinas
y C3 en la unión dermoepidérmica y en las paredes vasculares.
En su fisiopatología intervienen el oxígeno reactivo,
células inflamatorias y mediadores como mastocitos, neutrófilos complemento
y eicosanoides.
En las pruebas de laboratorio se encuentra elevado 8-carboxil
uroporfirina I y 7 carboxil porfirina III en orina e isocoproporfirina en
heces.
El tratamiento incluye flebotomía, dosis bajas de antipalúdicos,
colestiramina, desferrioxamina y eritropoietina.
Sin tratamiento progresa a cirrosis hepática. También
se ha informado carcinoma hepatocelular.
Protoporfiria eritropoiética
Representa un trastorno autosómico dominante del metabolismo de la porfirina.
Suele manifestarse en la infancia. A diferencia de otros tipos de porfirias,
las porfirinas o precursores no son excretados en la orina.
La fotosensibilidad aguda es muy característica, origina
edema, vesículo-ampollas, lesiones urticarianas y costras, sensación de
quemadura y ardor que evolucionan por brotes y terminan en cicatrices varioliformes
de aspecto céreo. |
|
La
porfiria cutánea tarda es una de las formas más comunes de porfirias
y esta fotodermatosis resulta de la deficiencia de la enzima hepática
decarboxilasa uroporfirinógeno, el gene que codi-fica esta enzima
se localiza en el cromosoma 1.
La protoporfiria eritopoiética es un trastorno autosómico dominante del
metabolismo de la porfirina que se manifiesta en la infancia. Las porfirinas
o sus precursores no se excretan en la orina. |